Relato

El baño amatista: Mediciones y planos 🦄

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Colgué el teléfono con un suspiro de alivio. El tema de las medidas antropométricas estaba resuelto. Gracias al cielo no tendría que hacer ninguna adaptación de accesibilidad equina. Por lo visto, la compañera de Remedios no necesita usar el aseo. De lo contrario, me habría visto obligada a hacer un estudio exhaustivo de las dimensiones de Amatista y luego aplicarlo a los planos. 

«Creo que puedo pasar sin ver una unicornia. El encargo se complicaría demasiado», pensé. Además, algo en mi fuero interno me decía que acabaría conociéndola tarde o temprano. Ahora lo que me preocupaba era la zanja de obra que me proponía abrir a un metro de altura del suelo en la pared frontal; la de la duchaEstaba proyectada como una balda horizontal donde irían los productos de higiene, algunas plantas colgantes e incluso toallas. 

Tendría que subir unos centímetros más de lo habitual la ventana y ya había sacrificado el revestimiento continuo por el riesgo de humedades. Al ser una superficie plana sin pendiente expuesta al agua, existía la probabilidad de estancamiento. Muy a mi pesar necesitaba un material impermeable, y lo único que se me ocurría era el gres porcelánico. 

La idea debía mantenerse a toda costa para darle sentido al diseño, y, aún así, seguía teniendo serias dudas para proceder. El muro no era estructural y por la zona climática estaba establecido en treinta centímetros de espesor. En última instancia me vería obligada a añadir un trasdosado y eliminar esos centímetros a la superficie útil del baño si no quería que la construcción se viniese abajo con Remedios duchándose dentro. 

Información

Obras

Ser consciente de mi ignorancia me provocaba inseguridad, y el hecho de que tendría que compartir mis inquietudes, aún más; este tipo de información sensible no me atrevería a dejarla en manos de internet. Los obstáculos no habían hecho más que empezar… 

Como me veía atascada con el muro decidí ir personalmente a solicitar información sobre los documentos necesarios para obtener el permiso de obras del ayuntamiento, un edificio del siglo diecinueve proyectado en sus inicios como casa unifamiliar.

Llegué a recepción y enseguida me indicaron dónde debía dirigirme. Subí por las escaleras hasta el piso superior. La puerta estaba cerrada. Toqué, esperé y nadie me invitó a pasar. Volví a tocar una segunda vez con más fuerza, esperé unos instantes y nada.

Urbanismo

Antes de marcharme, un hombre trajeado, de edad indefinida y aspecto decrépito, entró como un ciclón sin llamar por la misma puerta que había estado golpeando minutos antes, dejándola abierta tras de sí. 

—¡Martín!, —vociferó desesperado—, ¡Este es el segundo aviso que recibo, no habrá un tercero! Si no lo haces tú, me veré obligado a emitir la orden. 

Me quedé junto al quicio de la puerta, expectante. 

—Querido Aceituno, —dijo otra voz arrastrando las sílabas con desprecio—, ¿No ves que estoy ocupado? Te agradezco que salgas de mi despacho y cierres la puerta al salir. Gracias.

«He escuchado esa voz en alguna parte, me resulta familiar», pensé. Aceituno salió del despacho, sin cerrar, con semblante aturdido. Se había instalado un sabor desagradable en el aire. Esperé unos segundos, me asomé al despacho y ahí estaba. Sentado al escritorio frente a una pila de papeles, el caballero con quién tuve el rifirrafe al salir del edificio de Remedios.

En seguida levantó la mirada al percibir mi presencia. «Necesito mejorar mis habilidades de invisibilidad», recordé.

Experiencia

Seguridad

—¿Puedo ayudarla, señora?

—Carr, prr, si. Hola, ¿es usted el responsable del área de urbanismo? 

—¿Quién lo pregunta?

—Hmm, Soledad Pérez, —dije sin pensar. Jamás había mentido de esa manera tan descabellada, aunque últimamente había notado que no tod@s vamos con la verdad por delante. Llevaba tiempo contemplando la necesidad de protección. El hombre parecía no haberme reconocido y contestó secamente:

—Si, soy yo. 

—Gracias, feliz día, —di la vuelta y me marché rápido. 

Movimiento

La experiencia me había enseñado que en ciertos casos es importante recopilar el máximo de información para saber a qué clase de individuo nos enfrentamos. Pregunté los datos en recepción y luego hice una pequeña búsqueda en Internet. «Martín López Barrios, un nombre común y corriente. Tanto como Soledad Pérez…», pensé. Encontré poca cosa y nada sospechoso.   

Antes de finalizar la mañana estaba llamando a Remedios para confirmar mis sospechas. Le expliqué el incidente en el hall de su edificio y las características del sujeto. Efectivamente, estábamos frente al famoso vecino de Remedios. Lo que ignoraba mi cliente es que era el encargado de despachar los permisos de obra de toda la localidad. 

No sé si el tal Martín me acabaría recordando y ataría cabos después de salir despavorida de su oficina; me daba lo mismo. Sabía que tratar con alguien de esas características traía una complicación implícita; de perdid@s al río. Remedios y yo quedamos en que tendríamos que vigilar nuestros movimientos, había probabilidades de que nos pusieran trabas. Esa misma tarde quedamos juntas para merendar en su apartamento.           

Divina

Intuición

Llegué al portal de Remedios enfundada en unas gafas negras de sol completamente opacas, una pamela kilométrica y un fular de seda color verde. Mentiría si dijera sin una ligera agitación nerviosa, una bolsa con dulces en la derecha y el portátil en la izquierda. 

Remedios me había asegurado que no tendría problemas para entrar al edificio, y así fue, aunque toda precaución siempre es poca. Cogí el ascensor hasta el ático. «Si quieres pasar desapercibida, lo estas consiguiendo Silvana Silvestre», me dije frente al espejo con tono burlón. «Naah. ¡Estás divina! No te hagas caso», añadí con un ademán de la mano, un guiño y un beso volador.

El rellano de Remedios estaba desierto. Antes de pulsar el timbre, la puerta se abrió lentamente unos centímetros y se detuvo. Algo primitivo me decía que detrás no me esperaba nadie, pero más que miedo lo que sentí fue excitación, una sensación burbujeante justo encima del ombligo. 

Sección Transversal A-A'

Voluntad

Por lo poco que conocía a Remedios, los inconvenientes que se estaban presentado y la tendencia a la sospecha que había desarrollado en los últimos años, lo lógico sería que hubiera vuelto sobre mis pasos y anulado toda comunicación entre ambas por tiempo indefinido. 

En cambio, me aventuré hacia el interior de su apartamento envuelta y guiada por un sonido indescriptible. Como si una chispa de estrella hubiese caído del cielo dentro de una cueva mineral y diera saltos entre los cristales, como un reflejo, subiendo y bajando, afilada, cálida y perpetua. Un acontecimiento eternamente disponible en el espacio tiempo del que hablamos, un pedazo de alma libre para resonar por el entramado del universo a voluntad. 

¡Preguntas!

¿Puedes ayudar a Silvana Silvestre a resolver sus dilemas constructivos? ¿Conoces algún revestimiento continuo que se use para zonas húmedas? ¿Cómo conseguirán Silvana Silvestre y Remedios el permiso de obras? ¿Qué es el sonido indescriptible en el apartamento de Remedios? ¿Cómo continúa esta historia?
 
Gracias por tu atención 💕
 

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Silvana Silvestre🌼

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¡Hola! Me alegra tenerte por aquí. Yo soy alguien corriente con problemas comunes. Los Lunes suelo despertar formal y comprometida con mi propósito. A medida que se acerca la noche me relajo, me brotan ramas y hojas nuevas y me transformo en la diosa de la naturaleza, salvaje e intuitiva. Siempre muriendo, en un ciclo sin fin, para renacer con la Luna. Yo soy tú, arquetipo femenino que habita en todes les seres. Guerrera al servicio de la luz. Defensora de la libertad, la igualdad y la paz.

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