Fábula

El poder del ahora 🐝

¿Alguna vez te has sentido atrapada por tus propios deseos? En esta fábula, Milagros, se enfrenta a su rival más temida, ella misma. Ha de poner en orden sus emociones antes de que estas la dominen por completo y arruinen su vida.
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Esta mañana Milagros despierta pensando en sus anhelos. «Mi gran sueño es elaborar deliciosos postres con los que obtener reconocimiento, y, endulzar la vida de mis vecinas y demás habitantes de Animalia y Plantae», ilusionada, muestra una amplia sonrisa. Parte del día lo dedica a recrearse en sus fantasías. Pasa horas enfrascada en imágenes ficticias. Alimentando el deseo de su alma. 

Le brillan los ojos de entusiasmo. Imagina un pequeño establecimiento situado en el centro neurálgico de su amada colmena. En la zona peatonal más transitada. «Orgullo de mi comunidad», piensa. El local ocupa el espacio suficiente como para contener el desempeño de un solo cuerpo en movimiento. Además colinda con una de las teterías más prestigiosas de El Jardín. 

La fachada constituye, al mismo tiempo, nevera expositora y mostrador. Entre la variedad de postres, puedes encontrar tartas capeadas de cobertura espesa y granulada, pasteles dorados, suculentas torrijas infladas de leche, caramelos, bastones y galletas de miel. Cantidad de dulces de diferentes formas y tamaños. Rellenos, envueltos… 

—¡Toc, toc!¡toc, toc! —llaman a la puerta.

Obligaciones

Emilia

Emilia le espera al otro lado, en el rellano. Su aguda e irritante voz le recuerda que es hora de irse. De nuevo, y esta vez con más ímpetu, sus pronunciados nudillos vuelven a martillear la superficie laminada de la entrada.

—Llegamos tarde cariño, aligera —anuncia con la pasividad de cien elefantes tomando el sol.  

Su insistencia le termina de sacar de su ensoñación. Milagros aprieta los dientes con fuerza, hasta hacerlos rechinar, y, con voz ronca, maldice por lo bajo. Lleva actuando así varios días. Al principio no se daba cuenta. Cada vez es más notable.

—BzzBuenos días Emiliazz.
—BzzHola cielo, ¿qué tal has dormidozz?
—BzzGenial, ¿puedo hacerte una preguntazz? 
—BzzDisparazz.
—¿BzzQué harías si supieras que hoy es tu último día de vidazz? BzzA media noche caerászz. 
—BzzMmm… supongo que… ¿una fiestazz?
—¿BzzPor qué no… ir a trabajarzz?
—BzzMmm… Una fiesta después de la obrazz.
—¿BzzEnseriozz? 
—BzzSí, creo que es un buen planzz. ¿BzzY túzz?
—¡BzzMooriirzz! 
—¡BzzSí, después del trabajozz! 
—¡BzzNo, después de la fiestazz! 
—Bzzjajajajazz —Emilia y Milagros ríen al unísono.

Rutina

La sonrisa le dura poco a Milagros. Sin motivo figurado, se establece en ella una sensación de malestar y desasosiego. Se nota extraña en su propia piel desde hace meses. Cada mañana le embarga la misma incomodidad desagradable justo antes de salir. Desde que cruza el umbral de su casa y durante el resto del día, le acompaña un estado permanente de mal humor, hasta finalizar su jornada laboral.

La rutina le ahoga. Ella quisiera poder dedicarse por entero a la pastelería. Normalmente llega del trabajo cansada y con poco tiempo para cocinar. «Si hoy pudiera quedarme en casa… estudiaría recetas de internet, seleccionaría la que más llamase mi atención y si me alcanza, reuniría los ingredientes para elaborarla», planifica Milagros.

—¡Despierta Milagros, estás trabajando! —atrona una potente voz cerca suya—, ¡Las celdas de ayer están mal enceradas!¡Quiero que las repases, y, si es necesario, te quedes lo que haga falta hasta terminar tus tareas de hoy! —acaba de vociferar la capataz mientras se aleja estrepitosamente, de seguro que a martirizar a otra de sus compañeras.

Emilia conoce a Milagros y trata de animarla a la hora de la comida. Milagros hoy tiene más problemas que otros días para contener su frustración y acaba pagándolo con su amiga, vecina y compañera de trabajo.

El tiempo

Las horas

La misión del día consiste en cubrir, con una fina capa de cera, las celdas donde reposan las larvas recién nacidas. Milagros sabe que tiene el tiempo justo para acabar su faena si quiere salir a su hora.

«Nada podría ser peor que tener que quedarme un solo minuto más de la cuenta en este agujero. ¡Concéntrate Milagros!», ordena. 

Empujada por sí misma, Milagros comienza a tapar las cunas a toda velocidad. Sin permitirse un instante de comprobación, obvia pequeños detalles que podrían resultar peligrosos.

A dos minutos de la hora de la salida, aparece la capataz por el otro extremo de la estancia. «¡Oh, no!¡Que acabe pronto, por favor!», Milagros cruza los dedos mientras lanza una súplica al cielo.

La capataz se detiene en la primera celdilla dispuesta a revisar minuciosamente el estado de conservación de cada una. Contrariada, pasa a la siguiente, y su expresión se transforma. La de al lado, y vuelve a cambiar. Otra más, incredulidad. Así hasta llegar a Milagros. 

Las muecas de sus gestos y el color de su cara toman matices y expresión de acero. Milagros se queda helada. El miedo le estrangula las tripas y le hace enderezarse como una vela. Tiene un mal presentimiento.

La capataz

—¡BzzMilagros, vete a casazz! —decreta la capataz con una fuerza y una determinación demoledoras que le hacen temblar de pies a cabeza. 
—¿BzzEstá todo bien capatazzz? —pregunta Milagros en un susurro nervioso. 
—¿BzzEstá todo bien Milagroszz? —increpa la capataz—. ¡Emilia, por favor, ven aquí y corrige la cobertura de estas celdas! Mañana puedes salir antes —solicita de manera tajante y se marcha por donde ha venido, sin dar opción a réplica. 

Milagros ha dejado láminas muy finas sin sellar correctamente. A las pocas horas, y con el movimiento natural de las crías, se corre el riesgo de ocasionar fugas e incluso roturas. Lo que puede provocar deficiencias de crecimiento, malformaciones genéticas e incluso la muerte a las nuevas generaciones. 

Ni que decir tiene que, la jalea real es el bien más preciado para la comunidad y para la Reina. Además, las abejas son impecables en todos sus quehaceres.

—BzzNena, ¿aún estás aquí? No tenías que esperarme. ¿Estás bien?, puedes contármelo si quiereszz —Emilia.
—BzzMe siento fatal Emiliazz… ¡BzzOdio este trabajo con todo mi corazónzz! —estalla Milagros—. BzzEspero que puedas perdonarmezz —se disculpa.
—¡BzzTranquila mujer, mañana salgo anteszz!

De vuelta a casa, Milagros explica a Emilia que cada vez se siente peor. Ser testigo de su propia vida le hace profundamente infeliz. Emilia le escucha atentamente, todo el camino, sin mediar palabra.

Problemas

Isabel

Milagros gira la llave dos vueltas hacia la derecha y entra directa a la cocina. Se siente devastada. Deja caer el manojo metálico sobre la maciza encimera y suspira.

«Emilia no me entiende. De hecho nadie lo hace…», se queja lastimera. Aún así agradece que alguien lo intente. 

«¿Qué hora es?», se pregunta. Consulta el reloj digital en su móvil. Ha recibido una notificación de correo electrónico. Esto parece serio. El email lleva el sello real y está firmado por Isabel.

Pone que está al tanto del incidente en la cámara de larvas y de su dejadez en las últimas semanas. Tiene constancia de que su actitud y desempeño laboral está siendo reprochable. Le notifica que a partir del día de hoy queda suspendida de empleo y sueldo durante los dos próximos días. 

Quiere que sea consciente de que ha cometido una grave imprudencia y que las consecuencias podrían haber sido irreparables. De seguir con la misma actitud injustificada, incurriría en una falta aún más grave con la correspondiente sanción. De tal modo que hasta podría perder su empleo en la obra. 

A Milagros le invaden unas tremendas ganas de llorar. Lo que pasa es que no puede. En el fondo cree que llorar es una muestra de debilidad. Multitud de pensamientos negativos invaden su mente, le acribillan con juicios y agravan su malestar. Siente una mano invisible apretando su garganta hasta formar una bola densa y etérea.

Tristeza

La pelota desciende al centro de su pecho para instalarse indefinidamente. Milagros vuelve a pensar en quitarse la vida. Hace algún tiempo que le ronda la idea del suicidio. «Ya todo me da igual, quiero descansar», se dice abatida. Es en los peores momentos cuando el deseo recurrente le atrapa con fuerza. Se convence de que tiene pocas opciones de ser feliz y que su existencia no tiene sentido. 

Sin éxito, ha investigado en internet las formas que existen de matarse. Le parecen o muy desagradables o poco efectivas. También le preocupa disgustar a sus seres queridos. Ella quisiera que fuera algo cómodo, fácil, rápido, limpio y discreto. Viéndose en un callejón sin salida, con un panorama poco dispuesto a mejorar, se recuerda que escaparse puede ser otra opción. Aunque no sabe que es peor. 

En última instancia, vuelve su mirada hacia las espíritus de la naturaleza y les pide, les implora, les pregunta… Sin obtener respuesta. Después de varias situaciones parecidas y de pensar mucho en la muerte, Milagros ha comprendido que lo fácil sería irse y que nada es censurable. Sólo una elección. 

«Lo difícil es permanecer aguantando. Por lo tanto, hasta que encuentre una manera eficiente de marcharme, me quedaré aquí como una guerrera, afrontando pruebas, —se consuela—. ¿Qué puedo hacer mientras tanto?¿Cómo puedo mejorar mi situación?». 

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Milagros toma asiento en su confortable butaca y agradece que forme parte de su decoración. Reflexiona acerca de cómo han cambiado sus sentimientos, emociones y comportamiento a lo largo de los últimos meses. Lo que empezó siendo una ilusión se ha convertido en una obsesión. La diferencia de realidades que experimenta le está pasando factura y le hace sufrir sobremanera.

Reconoce que tiene estados de ánimo muy variables e inestables. «No puedo estar padeciendo por algo que no tengo, o que no soy, y que es probable que tarde en llegar o que no llegue nunca». Habitar un universo inventado le aparta del presente. Aunque ya nada es capaz de robarle el entusiasmo por sus sueños, decide aceptar su situación con amor. 

«Debo ser realista por mi propio bien. Ahora necesito el empleo de la obra», sabe que sus objetivos quedan lejos de alcance. «Mientras, podría buscar oportunidades como ayudante de pastelería, panadería o incluso cocina. Así sabría si es mi verdadera vocación. Otra opción es solicitar una reducción de jornada», sopesa varias alternativas. «¿Debería pedir ayuda profesional…», se pregunta. 

Melancólica, se dispone a preparar una tanda de dulces de miel. Esta vez se concentra en la tarea y consigue disfrutar lo que está haciendo, saborea cada instante. Luego, más animada, prepara una bolsita de papel, mete dos puñados de dulces, anota unas palabras con bolígrafo, dibuja algunos corazones y se la lleva a su vecina. «Gracias por formar parte de mi vida Emilia».

¡Preguntas!

¿La actitud de Milagros es irresponsable?¿Qué opinión tiene Emilia del comportamiento de su amiga?¿Qué medidas, a corto y largo plazo, debería tomar Milagros para estabilizar sus emociones?¿Qué hará Milagros los próximos dos días de suspensión de empleo y sueldo?¿Milagros será capaz de conservar su empleo? 
 
Gracias por tu atención 🌼
 

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Silvana Silvestre🌼

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¡Hola! Me alegra tenerte por aquí. Yo soy alguien corriente con problemas comunes. Los Lunes suelo despertar formal y comprometida con mi propósito. A medida que se acerca la noche me relajo, me brotan ramas y hojas nuevas y me transformo en la diosa de la naturaleza, salvaje e intuitiva. Siempre muriendo, en un ciclo sin fin, para renacer con la Luna. Yo soy tú, arquetipo femenino que habita en todes les seres. Guerrera al servicio de la luz. Defensora de la libertad, la igualdad y la paz.

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