Fábula

El sueño de Milagros 🐝

¿Sientes la falta de apoyo por parte de tu entorno? En esta fábula, Milagros, encuentra obstáculos para conseguir sus objetivos. Para avanzar tendrá que armarse de valor y, por sobre todo, creer en sí misma.
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Las manos de Milagros se agitan con un temblor suave. De hecho, todo su cuerpo, junto a su smartphone, se encuentra en la misma situación y va en aumento. Aún le cuesta creer lo que está viendo. «Estoy flipando», piensa para sí. Frente a sus ojos se distingue un titular en negrita: “El Sueño de Milagros”. La noticia pertenece al periódico digital más popular de Animalia. «¡Santo cielo! ¡Soy yo en primera plana!», vocifera.   

Jamás podría haber imaginado la repercusión que llegaría a alcanzar. En la imagen se le ve luciendo una sonrisa radiante llena de júbilo. Equipada con gorro y delantal de pastelera, sujeta las varillas de batir mezclas. Espesa, consistente y brillante, su siguiente creación parece estar lista para cocinar. «¿Cómo ha llegado mi fotografía al periódico?», se pregunta desconcertada. 

Aunque estupefacta, Milagros se siente pletórica y llena de alegría. El artículo habla de la gran labor que realiza para con sus vecinos y vecinas de El Jardín y del resto de Animalia y Plantae. Animan, a todas sus lectoras, a visitarla en su local comercial de super diseño. «¡Qué barbaridad! Después de esto no doy a basto. Es posible que necesite contratar a una ayudante. Por fin me empiezan a reconocer tanto empeño…», piensa con orgullo.

Le embarga una sensación de plenitud hasta ahora desconocida. Se le infla el pecho de satisfacción. Por vez primera, las comisuras de sus ojos se llenan de lágrimas. Está radiante de felicidad. Una niña humana, de alrededor de unos siete años, se coloca a escasos centímetros de su cara. Incrédula y burlona ante la expresión de Milagros, la niña decreta con sorna:

—¡Pero que… toonta eres!

Notificaciones

Reflejos

Ahí acaba todo. El despertador devuelve a Milagros a su auténtica realidad. Ahora sólo le queda resolver cuál de las dos emociones le ha calado más fuerte, si el desengaño o la humillación. 

Toma una honda inspiración para aliviar el nudo de su garganta. Expira hasta quedarse sin aire. Se siente herida. Las palabras de la niña resuenan como un eco en su mente.

Sospecha que la angustia le acompañará durante parte del día. «Mierda. ¡Encima está lloviendo!», se escuchan caer relámpagos a la distancia. «Humm, ¿Paraguas o chubasquero?¿Chubasquero o paraguas?¿Paraguas? No, chubasquero. Mejor paraguas», concluye.

Generalmente a Milagros le gusta la lluvia. Le agrada secretamente la sensación de salir de casa abrigada hasta las orejas y que incluso así, le recorra un escalofrío por la espina dorsal que zarandee sus extremidades hasta la punta de los dedos. Una humeante sopa de miel constituiría la culminación de un buen día lluvioso.

Hoy no es el caso. No cuando te despiertas de esa manera. Entonces la jornada podría llegar a alcanzar niveles insospechados de melancolía. Ni siquiera agazaparse bajo alguna manta tendría el poder de consolarla. Quizás un poquito… pero no mucho. 

Resignada a continuar con su rutina, sale de la cama. Prepara un vaso de agua, orina y se lava los dientes. Frente al espejo mira compasiva su reflejo, y, arrastrando las vocales una tras otra como si pesaran toneladas, se dice: «¡Pero que… toonta eres Milagros!». De vuelta en su habitación coge el móvil de la mesita. Desactiva el modo avión. Llegan dos notificaciones casi instantáneas. Son un correo electrónico y un mensaje de chat. 

El correo electrónico

Miedo. Nervios. Ansiedad. El chat preferiría no tener que abrirlo jamás. El email lo espera con impaciencia desde hace un par de días. Son los resultados de su prueba de acceso a la Escuela de Cocina. Las clases ya han empezado. 

Resulta que hubo un error administrativo con su examen y quedó sin corregir. En vista de que seguía sin recibir noticias del centro, resolvió llamar para pedir información. Fue entonces que, tras varios días de investigación, detectaron la incidencia. 

Ahora, Milagros se siente al borde de un precipicio. La misma sensación que experimentas cuando, balanceándote sobre las dos patas traseras de una silla, quedas suspendida en el aire a punto de caer de espaldas. 

«Una respuesta negativa me hunde. A la lista de calamidades habría que sumar un golpe bajo en la boca del estómago», piensa compungida. «Uff. ¡Vamos! Tendrás que leerlo tarde o temprano», se dice.

Estimada Milagros,

La Escuela de las Flores lamenta informarle de que sus calificaciones están muy por debajo de las notas de corte. La dejan en las últimas posiciones de las listas de acceso. Para poder cursar el módulo de pastelería solicitado, tendría que volver a presentarse a los exámenes de capacitación del año que viene y aumentar su puntuación. 

Siempre tiene la posibilidad de matricularse en cocina. Esta modalidad es más demandada por los/as estudiantes, por lo que se convocan más plazas. En el módulo se imparte la asignatura de repostería. Quizás esta alternativa le pueda complacer. 

Dado que las clases han empezado, y haciendo una importante excepción a causa de los inconvenientes ocasionados, tendría que darnos la respuesta antes de que acabe el día. En tal caso, el próximo lunes podría incorporarse a la escuela. 

Reciba un cordial saludo,
La dirección del centro.

El chat

Torrijas con miel

Decepción. No lo entiende. «¿Muy por debajo de las notas de corte?¿Las últimas posiciones de las listas de acceso?¡Qué chasco!», Milagros entra en un espacio-tiempo estanco dentro de su mente. «¿Qué ha podido pasar para obtener una calificación tan pésima? He estudiado todo el verano…

»¿Habrá algún tipo de error? Podía esperar un suspenso, un resultado tan bajo es exageradamente cruel. ¿Seré realmente tonta como pronosticó la pequeña humana de mi sueño?», otra notificación la saca de su ensimismamiento. «Seguro que es Madre. ¡Lo que faltaba!». 

Un trago así de amargo en ayunas es más que suficiente. Dos sería una temeridad. Prefiere colocar las colchas con parsimonia, vestirse y comer algo antes de enfrentar la conversación pendiente.

«Quedan torrijas de ayer, ¡maravilloso!». Aunque se haya excedido en las proporciones de canela, saborea la mordida empapada en leche con devoción. 

Mientras, hurga en su mente en busca de las palabras con las que decorar su fracaso. Calcular una buena respuesta nunca se hizo tan difícil. Especialmente sin haber visto los mensajes de su madre. Aunque se puede figurar el tono. La relación que mantienen es tan fría como el invierno. Suspira. Una sensación de tirantez empieza a inundar su pecho. 

Desbloquea la pantalla del móvil con fastidio y abre la aplicación de mensajería instantánea. Si quiere evitar problemas, es mejor contestar.

—Las abejas de la colmena sabemos todo lo que necesitamos gracias a nuestra sabiduría ancestral. Me parece una pérdida de tiempo y una desconsideración para con tus hermanas obreras—, Isabel, 0:00h. 

—¿Has recibido las notas?—, Isabel, 7:00h.

Mensajes

Milagros está triste. Escribe su respuesta, la manda y esta no tarda en ser correspondida. Se queda congelada por unos instantes. Teme la contestación. La falta de apoyo que recibe es evidente. Una vez que termina de fregar el plato de torrijas, lee lo siguiente:

—Sabes de sobra lo que pienso. Creo que deberías olvidarte de todo eso y centrarte en la comunidad—, Isabel, 7:07. 

Desolada, Milagros sale de casa dirección al trabajo. Pasa todo el día apática sin hablar con nadie. Sumergida en sus pensamientos. El recuerdo de su pesadilla la persigue, intermitente, en segundo plano.

A ella le gusta imaginarse triunfando. Se pregunta si, una vez dentro de la escuela, sería capaz de pasar los exámenes trimestrales. Los resultados que ha obtenido en la prueba son descorazonadores. Sumados a las opiniones de Isabel, la hacen sentirse muy insegura. 

Elecciones

El camino

Milagros llega a casa reventada, hecha un lío y con el paraguas roto. Confusa y empapada. No ha contado con el viento para hacer su elección. Los últimos meses han sido muy estresantes. 

Milagros, con un sueldo humilde de abeja obrera, ha conseguido alcanzar cierto nivel de independencia y ahorrar algo de dinero. Aunque sólo para el primer año del módulo.

Asimismo necesita el consentimiento expreso de su progenitora para estudiar, encima es su jefa. Sus argumentos no han funcionado. Quizás haya sonado poco convincente. Cree que con la astucia suficiente, podría conseguir lo que tanto desea. Isabel aún no ha dicho el “no definitivo”.

El tiempo le pisa los talones. Sopesa pros y contras acerca de cada una de sus opciones. Puede esperar al año que viene para hacer lo que en verdad desea y reunir el dinero que le falta. En ese periodo se arriesga a que su antecesora adopte una actitud más severa y le reste la oportunidad que deja entrever. Además habría perdido otro año en la obra.

La alternativa inmediata es entrar al módulo de cocina este año y aprovechar la asignatura de repostería junto a los conocimientos generales. El inconveniente es que estaría lejos de los dulces. Viéndolo de otro modo, se acercaría a sus sueños.

Suspira. Lloraría si pudiera. «¿Y si resulta que entro en la escuela y descubro que ni la cocina ni la pastelería son para mi?—Milagros teme equivocarse—. ¿Y si lo que creo que es mi vocación acaba no siendo?¿y si las expectativas que he creado distan mucho de la realidad? Lo cierto es que se poco de la profesión. 

»Lo más fácil es hacer caso a Isabel. Olvidar esas ridículas fantasías, ignorar el llamado de mi alma, centrarme en el ahora y desterrar la incertidumbre de mi vida de una vez por todas. En la obra se está bien. Mis hermanas son agradables y me aprecian».

Claridad

Llegada a este punto, Milagros decide cortar en seco la perorata. Ha dado suficientes vueltas al asunto. Seguir con la historia no la lleva a ninguna parte, la dejaría sin fuerzas. Una ducha es la mejor forma para desconectar. Antes de nada prepara un pijama limpio con olor a flores. 

El agua templada alivian sus preocupaciones. Disipa el cansancio y aclara su mente. Fuera cae una lluvia callada, casi imperceptible. Con el saco ya puesto, agradece a los espíritus de la naturaleza por el día que le han regalado. Se posa sobre el lavabo y observa su reflejo con firmeza. 

—¡Entérate Milagros! Equivocarse es natural. Elijas lo que elijas la meta sigue siendo la misma. Si en algún momento te sientes perdida, lo sabrás, vuelve al camino, —se dice en voz alta.

Tras una breve pausa: —Y otra cosa te voy a decir. ¡El hecho hipotético de que tu seas verdaderamente tonta o tengas algún tipo de deficiencia intelectual real que dificulte tu aprendizaje, por ejemplo, no da absolutamente ningún tipo de licencia a otros seres para humillarte o desvalorizarte! Las actitudes de desprecio hacia las demás suelen encubrir algo más preocupante tras de sí, fuera parte de lo tonta que pueda una ser, sin siquiera notarlo.

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Milagros se siente arrastrada por la dinámica de los acontecimientos. Sentada en su butaca, con el chat abierto, escribe unas palabras que forman una frase. Las revisa un par de veces y presiona la tecla enviar. «Está hecho».

Su sonrisa se difumina entre una mezcla de emociones diversas y un agotamiento terrible. Es la sensación que queda al final de una encarnizada batalla. Se pregunta una vez más si hace lo correcto. Es difícil saberlo. De lo que puede estar segura es de que ha dado un gran paso. 

A pesar de los miedos, las dudas, los obstáculos, la soledad y la incertidumbre… Hay una llama que acaba de prender en su interior. Ella es la responsable del rumbo de su propia vida. Dirección que marca a través de sus decisiones.

¡Preguntas!

¿Cómo llega la fotografía de Milagros al periódico?¿Cuál es la causa de unas calificaciones tan bajas?¿Qué mensajes manda Milagros, a su madre, para recibir esas contestaciones?¿Cuál es la decisión que marca el futuro de Milagros?¿Paraguas o chubasquero?
 
Gracias por tu atención 💕
 

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Silvana Silvestre🌼

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¡Hola! Me alegra tenerte por aquí. Yo soy alguien corriente con problemas comunes. Los Lunes suelo despertar formal y comprometida con mi propósito. A medida que se acerca la noche me relajo, me brotan ramas y hojas nuevas y me transformo en la diosa de la naturaleza, salvaje e intuitiva. Siempre muriendo, en un ciclo sin fin, para renacer con la Luna. Yo soy tú, arquetipo femenino que habita en todes les seres. Guerrera al servicio de la luz. Defensora de la libertad, la igualdad y la paz.

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