Fábula

Una receta incompleta 🐝

¿Hasta dónde llega tu fe en ti misma? En esta fábula, Milagros, se ve abrumada por una petición inesperada y experimentará la importancia y consecuencia de sus palabras. ¿Será capaz de llevar a cabo sus compromisos? ¿Cómo actuará bajo presión?
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Posada en un taburete, Milagros, descarga todo el peso de su busto sobre los codos. Examina de reojo una pila de papeles con anotaciones y garabatos a su izquierda, y luego, vuelve la vista hacia la pantalla del ordenador. La zona de estudio consiste en una pequeña isla de superficie rugosa. Está ubicada en el centro de la cocina y tiene forma rectangular. 

Aquí es donde prende la chispa creativa y diseña nuevas recetas para elaborar sus dulces y pasteles. Lleva un par de horas sumergida en internet buscando información sobre “Tartas Capeadas de Miel”. Ha leído en varias páginas web, que, con la audacia, los ingredientes y el encanto suficientes, se puede dotar al postre de una propiedad extraordinaria:

Si se hace como es debido, la “Tarta Capeada de Miel”, permite multiplicarse en dos copias idénticas a cualquier individuo que consuma una porción exacta. El efecto se mantiene en vigor durante 55 min y se inicia tras la hora posterior a la ingesta del trozo. Luego se tiene que volver a comer otro pedazo para conservar al clon en perfecto estado.  

El problema es que las instrucciones que ha encontrado están incompletas o no acaba de entenderlas. Ofuscada, sabiendo que algo se escapa de su comprensión, resuelve salir a por los ingredientes que le faltan. Milagros se aleja de la colmena en dirección al Jardín.

El Jardín

Hormigas ociosas

Como de costumbre, el asma y el sobrepeso le obligan a detenerse varias veces para descansar. Apoyada en la corteza del árbol que sostiene su colmena, saluda a un grupo de hormigas. Entusiasmada por sus progresos, cuenta a su audiencia que está estudiando pastelería y que va en busca de polen para una tarta muy especial. 

Las hormigas le felicitan y dan ánimos. Eso hace sentir optimista a Milagros, que, deseosa de reconocimiento y halagos, alardea cada vez con más intensidad sobre sus logros. Quizás hasta el punto de exagerar un poco…

—¡Hola Remedios! Hoy necesito polen para la tarta que estoy preparando. Este pastel tiene propiedades extraordinarias. Estoy estudiando pastelería. ¡Pronto me convertiré en pastelera! —explica a la margarita. 

—¡Enhorabuena Milagros! Sírvete. Coge el polen que quieras. Suena muy interesante eso que cuentas. Para mi fiesta de cumpleaños puede que te encargue un pastel, —contesta Remedios.

Milagros da las gracias a la flor y sigue su camino hacia el río. Empieza a pensar que lleva el tiempo suficiente haciendo dulces de miel como para poder considerarse del gremio. «De ahora en adelante me presentaré en público como pastelera profesional», se dice mientras llena un recipiente de agua, y lo mete en la cesta que le queda libre.

Juana la Roja

—¡Hola Milagros! ¿Qué te trae por aquí? He oído hablar de ti a Remedios. Mi nombre es Juana. Encantada de conocerte. —Tumbada al sol cerca de donde Milagros reposta, una lagartija roja la observa. Milagros ensimismada, acaba de reparar en su presencia. 

—Hola Juana, encantada. Soy pastelera, vengo a por agua para la tarta que estoy preparando. Con una porción de esta, se crea una copia perfecta de quien la consume. Además mejora la memoria y la concentración.

—¡¿Enserio?!, ¿Aceptas encargos? Me vendría genial duplicarme unas horas. Siempre tengo muchas cosas que hacer.

Milagros acepta por inercia. Queda con Juana en que recibirá su pastel por la tarde. Esta insiste en pagar por adelantado y después se separan. Milagros se siente confusa. «¿Qué he hecho? Yo no soy pastelera. Tampoco sé hacer “Tarta Capeada de Miel”. He mentido a Juana… ¿Qué haré si me descubre?», la conciencia de Milagros hace su aparición para sacar a relucir sus inseguridades. 

Milagros se ha dejado llevar por la vanidad y su afán de ser admirada. Se da cuenta tarde de que quizás ha cometido una imprudencia. Nunca ha preparado una tarta capeada con propiedades mágicas. Sería la primera vez. Un error puede costarle caro. Podría dañar su reputación y credibilidad. Ser considerada una farsante por su comunidad y sólo diosa sabe qué más… «¿Seré capaz de llevar a cabo esta receta?», se pregunta.

La "Tarta Capeada de Miel"

Espectáculo

Una vez en casa, Milagros se enfrenta a la famosa tarta. Ha dispuesto todos los ingredientes perfecta y metódicamente. Preparados y organizados sobre la mesa, ninguno sobresale de la línea imaginaria que ha trazado para ellos alrededor. 

Ha estudiado, de cabo a rabo, cada una de las recetas que ha descubierto y cree haber encajado la pieza que le falta. Luego de fusionarlas en una única guía, la ha releído hasta la saciedad. Llegado este punto la tiene memorizada. Aún así prefiere colocarla a la vista.

«¡Que comience el espectáculo!», se dice. Entonces empiezan a volar utensilios y botes de conserva sobre su cabeza de aquí para allá. Al contrario que una pastelera, Milagros parece una malabarista de circo. Manipula y lanza los objetos en el aire sin contemplación. 

En una ocasión está a punto de estrellar un tarro de cristal contra la encimera. Una mano ágil lo intercepta al vuelo, reconduce su trayectoria y lo salva de su cruel destino. Bastantes minutos después, sudorosa y acelerada por la actividad, Milagros ya tiene la masa preparada para empezar el montaje. 

«¡Paciencia para elaborar las capas! Es un pastel laborioso. Cada lámina se estira y cocina de manera individual», recuerda Milagros. Han transcurrido varias horas. Una vez precalentado el horno y aplicada la cobertura, la pone a cocinar. «¡Ahora esperar!», ordena.

¡OMG!

Algo anda mal. La cobertura se empieza a agrietar y el centro está crudo. Decide bajar la temperatura y esperar a que se acabe de hacer con el calor residual. Aún así, puede ver como su creación se está dorando más de la cuenta. La saca, angustiada. «¡OMG! ¡Esto es horrible! —está quemada, seca, agrietada y cruda—, ¡Qué desastre!¿Cómo voy a entregar esto a una cliente?».  

Milagros vuelve a repasar la receta con demencia. Ha procedido rigurosamente como tenía planeado. Paso por paso a rajatabla. «¡No entiendo dónde ha podido estar el fallo!¿Pero qué me pasa?¡¿Para qué he aceptado este encargo?!», se lamenta. Sus pensamientos saltan de un lado a otro, aturdiéndola.

Milagros busca desesperada a algún responsable a quien linchar por la tragedia. «¿La calidad de los ingredientes?¿La temperatura del horno…?», enumera en su mente. 

—¡Maldita sea Juana por haberse cruzado en mi camino!¡Soy una pedazo de idiota!¡Imbécil de catálogo, jodeer! —ladra iracunda—. ¡Aficionada jugando a ser pastelera!¡Toorpe!¡La culpa es mía!¡Esto me viene grande desde el principio! —sentencia duramente—, ¿Ahora qué?¡Eh!

—¿Cómo he podido arriesgarse de esta manera…? —pregunta abatida en dirección al vacío.

Las Ideas

Neuronas

Las neuronas de Milagros se agitan a toda velocidad. Algunas, incluso, llegan a chocar entre sí en la persecución de una idea genial que saque, a su propietaria, del embrollo en que se ha metido. «Realmente no tengo ánimos para empezar la receta de nuevo», duda que otro intento le vaya a dar resultados. Sopesa pros y contras a la caza de una solución efectiva. 

»¿Y si compro la tarta en alguna parte? Podría llamar a la Escuela de Cocina de las Flores de El Jardín, por si la tienen a la venta, o, buscar la pastelería más cercana en Google. ¿Llegaría a tiempo si la pido por internet?¿Esto se considera fraude?

»Quizás Remedios pueda ayudarme, dicen por ahí que hace magia… ¿Qué hora es? —se pregunta con el móvil entre las manos—. Quedan tres horas para nuestra cita. ¡¿Qué puedo hacer?!¿Y si, a la tarta que ya tengo, le pongo otra capa de cobertura bien gruesa para que no se note lo quemado?

Lo mismo Juana es poco exigente, —los ojos atormentados de Milagros se detienen en el tarro de miel—, ¡Me faltan ingredientes! —pausa—, un momento. ¡¿Hum…?!».

—¿Quién eres… tú…? —susurra asombrada al reparar en el minúsculo ser sentado sobre la mesa junto al bote.

Clon

Es difícil identificar cuál de las dos parece más desconcertada. Lo curioso es que son idénticas una a la otra. A diferencia de la talla, claro. La copia es del tamaño de la mitad de un grano de arroz. Dos milímetros. «¡Oh! He debido duplicarme al probar la masa con el dedo, de ahí la reducida estatura», dilucida Milagros. 

—¡Dime pequeña!¿Tienes alguna sugerencia para resolver este problema? —Milagros esperanzada pregunta a la criatura.

El ser le devuelve una expresión pensativa como si de un momento a otro fuera a decir algo importante. Abre la boca ligeramente y entrecierra los ojos. Milagros la observa un rato en silencio. Para su sorpresa, sigue sin variar un ápice su expresión. Luego de hacer algunas preguntas más, resuelve que la copia le ha salido naturalmente estúpida, como ella. No habla. Parece no poder razonar. 

Después de un par de horas tratando de averiguar sobre la disponibilidad de “Tartas Capeadas de Miel” en otros establecimientos, Milagros se da por vencida. De nuevo, sorprende a la criatura observándola desde la encimera de la cocina. Sigue en la misma posición en que se quedó. Milagros empieza a inquietarse. «Debería de haber desaparecido hace bastante rato…», piensa.

A una hora de la entrega, Milagros empieza a concluir que es peligroso vender la tarta a Juana. No sabe qué tipo de efecto puede causar a su cliente.

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«Esto se me ha ido de las manos. Creo que lo mejor es tomar el camino fácil y seguro. Llamaré a Juana, me disculparé y le diré que han ocurrido imprevistos fuera de mi control. A veces la magia puede ser impredecible. Le devuelvo el dinero esta misma tarde y le llevo una bolsita con dulces de miel, mi especialidad». 

Milagros devuelve el dinero a Juana y le ofrece la bolsita con dulces de miel que ella siempre tiene preparados. Aunque se siente desilusionada por los resultados, reconoce que lo ha hecho lo mejor que ha podido a pesar de su inexperiencia. La consuela el hecho de haber terminado lo que empezó. Cuando llega a casa tiene un mensaje de Juana:

—Gracias por los dulces de miel Milagros, deliciosos. Avísame cuando tu tarta clonadora vuelva a estar disponible.

Milagros mira orgullosa una bombonera con dulces de miel sobre la mesita, coge uno, lo observa detenidamente, y lo come con gusto. «Esta fue la primera receta que aprendí. He hecho tantos de estos que he perdido la cuenta. Desde luego que la práctica hace a la maestra», —piensa. Luego cambia la vista de lugar. Esta vez, sobre el reposabrazos de la butaca contigua, unos ojitos diminutos igual de estupefactos que siempre, la observan con fijeza.

—¡¿Qué?! —Milagros deja escapar un chillido de consternación—, ¡¿Cómo es posible?!¿Hasta cuando vas a estar tú aquí?.

La copia permanece inmutable. Visiblemente afectada, Milagros corre a su habitación y atranca la puerta para evitar el acceso a todo ser vivo. Tiene miedo de ser atacada mientras duerme. «¡Diosa mía!¡He creado un monstruo de la naturaleza! —piensa horrorizada—. La magia es una gran responsabilidad…», —concluye agotada por el cansancio antes de cerrar los ojos.

¡Preguntas!

¿Milagros debió aceptar el encargo de Juana?¿Qué habrías hecho tú con la tarta defectuosa?¿Qué efecto crees podría haber tenido la tarta en la lagartija roja?¿Por qué ha salido defectuoso el clon de Milagros?¿Seguirá estando al día siguiente?
 
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Silvana Silvestre🌼

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¡Hola! Me alegra tenerte por aquí. Yo soy alguien corriente con problemas comunes. Los Lunes suelo despertar formal y comprometida con mi propósito. A medida que se acerca la noche me relajo, me brotan ramas y hojas nuevas y me transformo en la diosa de la naturaleza, salvaje e intuitiva. Siempre muriendo, en un ciclo sin fin, para renacer con la Luna. Yo soy tú, arquetipo femenino que habita en todes les seres. Guerrera al servicio de la luz. Defensora de la libertad, la igualdad y la paz.

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